Alberto es un anciano que cada mañana pide dinero en la
plaza de la ciudad. Muy cerca está el centro de salud donde antes trabajaba.
Los médicos que una vez fueron sus compañeros, pasan por su lado con desprecio,
sin mirarle.Atento a los vendedores de bebidas frías desea poder
refrescarse ese mediodía; pero el dinero no le alcanza. De pronto, un niño que
lo viene observando, pide a su mamá que compre una bebida para el anciano. La
madre paga una limonada con hielo, y el niño, con una sonrisa, coloca el vaso
en la mano del mendigo.
Alberto recibe la bebida helada, y esboza una sonrisa. En
aquellos ojitos llenos de bondad cree reconocer los ojos de la madre; levanta
la mirada y allí está. Una mujer joven, orgullosa de su hijo.
El hombre observa a la madre y al niño retirarse, mientras deja
caer lentamente la bebida en el piso, y recuerda con terror los días cuando
tomaba a las niñas amedrentadas y las frotaba contra sus genitales, en tanto
las madres, confiadas, esperaban en la sala del consultorio.
Hasta que aquella niña valiente le contó a su mamá…
El hielo se derrite en el suelo caliente mientras madre e
hijo se alejan satisfechos ante la mirada perpleja del médico mendigo.
Escrito por:
Sofía Machacado
Ilustrado
por: Adriana Urbáez