“En la taza de Sofi” encontramos hoy una reflexión que desde
hace tiempo quería escribir, y lo hice en el marco de la Navidad pasada para
compartir con un grupo de amigas. Se trata del ministerio de los ángeles en
torno al nacimiento de Jesús. Cada vez que leía Mateo o Lucas me daba cuenta
del importante trabajo de estos seres celestiales para que se pudiera cumplir
todo lo que estaba profetizado.
Cuando leemos el primer capítulo de Mateo podemos advertir
que el escritor, desde el primer momento, deja claro el nacimiento de Jesús en
circunstancias diferentes a las nuestras. Observen que cuando se refiere a los
demás ascendientes, en la genealogía del capítulo 1, señala que fueron
engendrados por sus papás, por ejemplo: “Abraham
engendró a Isaac: e Isaac engendró á Jacob: y Jacob engendró a Judas y a sus
hermanos”, y así sucesivamente. Pero, cuando llega al último ascendiente, dice:
“José, marido de María, de la cual nació
Jesús”. Resaltando así el rol de
María (considerando que no se acostumbraba nombrar a las mujeres en las
genealogías de la época).
María y José eran de la casa de David, la profecía así lo
anunciaba, (aunque, realmente no era relevante que José fuera de la casa de
David, puesto que, no sería padre biológico de Jesús), escogidos para la misión
sagrada de criar al Hijo de Dios. Sin embargo, ellos no estuvieron solos, los
ángeles del cielo ocuparon un papel muy importante.
Mateo nos presenta a un José justo, sumiso y obediente en
todo momento al trabajo de los ángeles. De María no se dice una cualidad en
específico, pero ¿Qué podemos decir del carácter de una mujer que es capaz de
responder: “He aquí la sierva del Señor,
Hágase conmigo conforme a tu palabra”?
¿Cuáles fueron los momentos que estos personajes de carácter
justo, humilde y obediente vivieron junto a los ángeles? ¿Se habían dado cuenta
de que José vivió más momentos junto a los ángeles que María? Por lo menos que
los haya registrado la Biblia. Primero fue María la privilegiada, registrado en
Lucas 1:28-38, allí puedes leer la aparición de un ángel que la llama
favorecida. No se extrañen al observar lo asustada que estuvo la jovencita,
pero el ángel la calmó con un “No temas
María, porque has hallado gracia delante de Dios”, y le explica por qué: “concebirás en tu vientre, y darás a luz un
hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo”.
¿Que si María entendió cómo sería aquello? Pues no, no era
tan sencillo: “El Espíritu Santo vendrá
sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también
el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”. Y allí suelta María su impresionante: “Hágase conmigo conforme a tu palabra”.
Ahora, se podrán imaginar la
confusión de José al enterarse del embarazo de su prometida. Mateo 1: 20-21
explica lo que vivió José en sueños después de pasar, quien sabe cuánto tiempo,
pensando en la dramática situación: “he aquí un ángel del Señor le
apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu
mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz
un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus
pecados”. Y no se
diga más, obedientemente, José, tomó a María por esposa. Solo un ángel del
Señor pudo aclarar aquella situación.
El ministerio de los ángeles iba dándose progresivamente con
éxito. Su siguiente intervención en torno al nacimiento de Jesús fue ante los
pastores. Ya había nacido el niño. En Lucas 2:8-14 encontramos la narración: Había pastores en la misma región, que
velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les
presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y
tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy
nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la
ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal:
Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente
apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a
Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena
voluntad para con los hombres!
Y para qué sería importante, en el ministerio de los ángeles,
que los pastores conocieran del nacimiento de Jesús y lo visitaran. Creo que
para lo que dice el versículo 20: “Y volvieron los pastores glorificando y alabando a
Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho”. Después de María y José, los pastores fueron los
primeros en tener la oportunidad de contemplar al Salvador y de testificar “lo
que habían oído y visto”; de alguna forma lo mismo que se nos pide a nosotros después
de contemplar a Jesús. Acertada la inclusión de los pastores en este evento ¿No
creen?.
Por
otro lado, unos magos del oriente vinieron a Herodes diciendo: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha
nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle”. En
el Deseado de todas las gentes, capitulo 6, titulado “Su estrella hemos visto”,
Elena de White nos aclara lo relacionado con la estrella de Belén:
Los magos habían visto una luz
misteriosa en los cielos la noche en que la gloria de Dios inundó las colinas
de Belén. Al desvanecerse la luz, apareció una estrella luminosa que permaneció
en los cielos. No era una estrella fija ni un planeta, y el fenómeno excitó el
mayor interés. Esa estrella era un distante grupo de resplandecientes ángeles,
pero los sabios lo ignoraban. Sin embargo, tenían la impresión de que la
estrella era de especial importancia para ellos. Consultaron a los sacerdotes y
filósofos, y examinaron los rollos de los antiguos anales. La profecía de
Balaam declaraba: “Saldrá estrella de Jacob, y levantaráse cetro de Israel.
¿Podría haber sido enviada esta extraña estrella como precursora del Prometido?
Los magos habían recibido con gratitud la luz de la verdad enviada por el
cielo; ahora esa luz se derramaba sobre ellos en rayos más brillantes. En
sueños, recibieron la indicación de ir en busca del Príncipe recién nacido. Los
magos fueron avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, y
ellos regresaron a su tierra por otro camino.”
Ahora, cuando hubo nacido el niño, mientras Herodes ordenaba
la matanza de los bebés por miedo al nacimiento de un nuevo rey en Belén, un
ángel aparece a José, en sueños: Levántate
y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te
diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Y él,
despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. Lucas
2:13-14.
Tiempo después, ya muerto Herodes, un ángel aparece de nuevo dos
veces en sueños a José para guiar a la familia y protegerlos en su regreso a
Galilea: Pero después de muerto Herodes,
he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, diciendo:
Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han
muerto los que procuraban la muerte del niño. Entonces él se levantó, y tomó al
niño y a su madre, y vino a tierra de Israel. Pero oyendo que Arquelao reinaba
en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero avisado por
revelación en sueños, se fue a la región de Galilea. Lucas 2:19-22.
A ti, que estás “En la taza de Sofi” te sirve recordar que no
estás solo(a). María y José estaban cumpliendo su misión y los ángeles hicieron
su parte para que todo saliera bien. Tú también tienes una misión ¿La has
descubierto? Si la cumples con humildad y amor como lo hicieron los padres de
Jesús, con seguridad tendrás compañía, los ángeles cumplirán un ministerio a tu
alrededor y estarás bajo su protección.
El conflicto de los siglos, p. 506 dice: “Cada discípulo de Cristo tiene su ángel guardián respectivo. Estos
centinelas celestiales protegen a los justos del poder del maligno. Así lo
reconoció el mismo Satanás cuando dijo: “¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No
le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene?” Job 1:9-10.
El medio de que Dios se vale para proteger a su pueblo está indicado en las
palabras del salmista: “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le
temen, y los defiende”. Salmos 34:7.”
Ilustración de: Adriana Urbáez