viernes, 30 de octubre de 2015

LA CONVENIENCIA DEL CASTIGO

En los talleres para padres siempre surge alguna pregunta relacionada con la conveniencia del los castigos.

El castigo es una técnica derivada del Condicionamiento Operante que se utiliza con el propósito de reducir respuestas (conductas operantes) no deseadas. Cuando una respuesta va seguida de un estímulo aversivo (quitar algo que le gusta, suspensión, aislamiento, correazo, etc.) ese estímulo se constituye en el castigo.

El castigo es una consecuencia que no podemos evitar en la vida cotidiana. Si te "comes" la luz roja del semáforo, probablemente te llegará un oficial de tránsito aplicándote un castigo (boleta).

Para algunos niños el castigo puede ser muchas cosas que por lo general son consecuencias del mal uso que hacemos los adultos de esta técnica: "Si le vuelves a pegar a tu hermanito te vas a hacer un dictado". Las tareas escolares son víctimas convertidas en los "correazos" de muchos padres, y los pequeños llegan a asociarlas con lo aversivo, y dicen "hacer tareas es un castigo".

Según Reynolds, en su libro Compendio de condicionamiento operante, Pág. 144, el castigo puede ser administrado de tres maneras:  1) a una operante que nunca ha sido reforzada, 2) a una operante que está siendo mantenida por el reforzamiento y 3) a una operante que está siendo extinguida.

Según los estudios del Condicionamiento Operante debemos tomar en cuenta que, aunque el castigo suprime la conducta, no siempre la elimina, y que el nivel de respuestas es proporcional a la intensidad del castigo, en otras palabras, si no duele no tendremos el efecto deseado, es decir, no extingue la conducta.

Si quieres utilizar el castigo adecuadamente en la educación de tus hijos toma en cuenta las siguientes recomendaciones:
  • Mira el castigo como una consecuencia.
  • Recuerda que las consecuencias naturales a veces son suficiente castigo para el niño. Tal vez puedas dejar en silencio que las sufra. (Hay un paseo de la escuela y tiene que estar en la parada del transporte a las 9:00 am. No presta atención a la alarma del reloj ni a tus llamados. Se levanta tarde y cuando llega a la parada ya se ha ido el bus. Está llorando y despotricando por su descuido).
  • Procura que el castigo sea coherente con la conducta que quieres cambiar. Si la conducta está relacionada con la comida, suspende el postre o la hamburguesa del fin de semana.
  • Sé constante. Si hoy castigas al niño por no arreglar la cama antes de irse al colegio, mañana no lo pases por alto. 
Para complementar mira este interesante video de la psicóloga española María Luisa Ferrerós.




 Ahora quiero referirme más específicamente al castigo físico. Los padres siempre quieren saber si es "bueno", o si es "malo". Algunos de la vieja guardia lo consideran imprescindible entre sus técnicas de disciplina. Inclusive si en el pasado hubiese habido las leyes de protección al menor que hoy día existen, muchos de esos padres tendrían deudas todavía con la justicia. Otros padres consideran el castigo físico innecesario. Aún los especialistas tienen sus posiciones encontradas. Como sea, siempre será una decisión que se toma dentro de tu casa. 

Si decides practicar el castigo físico quiero compartir estas recomendaciones tomadas de la escritora cristiana Elena G. de White, en su libro Conducción del niño, en el capítulo 44 donde habla de la Disciplina correctiva:
  • Manifestar ira hacia un niño que se equivoca, es aumentar el mal. Eso despierta las peores pasiones en el niño y lo induce a creer que usted no se  preocupa por él. Razona consigo mismo que usted no podría tratarlo así si él le interesara.
  • Cuando esté obligado a corregir a un niño, no eleve el tono de la voz. . . . No pierda el dominio propio. El padre que da rienda suelta a su ira cuando corrige a un niño, comete más falta que ést.
  • La madre puede preguntarse: "¿No habré de castigar nunca a mi hijo?" Puede ser que los azotes sean necesarios cuando los demás recursos fracasen; sin embargo ella no debe usar la vara si es posible evitarlo. Pero si las correcciones más benignas resultan insuficientes, el castigo para hacer volver al niño en sí debe ser administrado con amor. Frecuentemente una sola corrección de esta naturaleza bastará para toda la vida...
 Quería destacar el punto del castigo físico con Ira, porque es una manifestación muy común. Muchos padres practican este castigo con rabia haciendo más mal que bien, engendrando rebeldía, aunque logran extinguir algunas conductas indeseadas. Pero, reflexionemos, ¿vale la pena, y sería conveniente castigar con ira a costa de la salud emocional del niño? Muchos niños crecen con resentimientos guardados contra los padres que logran "arreglarlos" baja el régimen del látigo. Recuerda, el niño debe percibir que le amas en medio del castigo. ¡No son pocos los padres que lloran con el niño mientras le castigan físicamente!

Otras recomendaciones interesantes sobre este tema son las de la psicóloga Nancy Van Pelt, en su libro Hijos Triunfadores, en el capítulo 4, titulado Las recompensas de la disciplina. Aquí enumero algunos de sus puntos:
  • No se debe castigar físicamente a un adolescente, ni a niños menores de 6 meses.
  • Castigar físicamente no es dar un golpe leve en la mano o en las nalgas del niño que se revuelve con impaciencia o se porta mal.
  • Consiste en una serie de golpes rápidos con la mano o con algún instrumento firme, con el propósito de enseñar al niño una lección para que mejore su comportamiento.
  • Algunos padres prefieren usar las manos para administrar una tunda, pero otros prefieren una regla, una varilla o una correa. La mano puede ser suficiente en el caso de un niño pequeño, y el padre puede graduar la intensidad del castigo. 
  • Hay una región acolchada de la anatomía del niño que se presta para recibir un castigo corporal. Como no hay vasos sanguíneos importantes en la superficie de las nalgas, las posibilidades de maltratar son mínimas.
  • Cuando tenga que castigar al niño en la mano, no lo golpee en los nudillos, porque podría lastimarle los vasos sanguíneos.
Esta autora se refiere a una manera apropiada de castigar físicamente: "Para administrar el castigo corporal, coloque el cuerpo del niño sobre sus piernas, en una silla o en la cama. Evite mantener al niño tomado de un brazo mientras lo castiga. La espalda necesita apoyo. Enséñele bien temprano a aceptar el castigo cuando lo merece. No le permita escapar corriendo, de modo que usted tenga que perseguirlo para castigarlo".

Tal vez alguno de los lectores esté pensando "¿Quién se toma todo este trabajo por un castigo físico?" Pues, de eso se trata. Cuando la madre y el padre no se detienen a pensar en lo que van a hacer, por lo general, se dejan llevar por la ira, y cometen el horror (muchas veces) de golpear al niño indiscriminadamente. Y muchos de estos castigos van acompañados de palabras muy hirientes que dañan emocionalmente a los hijos. Sigo insistiendo, el niño debe percibir nuestro amor cualquiera sea el castigo que apliquemos. ¿Y puede un niño castigado físicamente percibir que le amamos? Claro que sí, depende de como lo hagamos, y la ira es el peor acompañante. Conozco madres que han castigado con ira a sus pequeños y agarran lo primero que esté a su alcance para golpearlos, desde mangueras, chancletas, tubos, palos... la lista sería interminable.

En relación con el castigo con la mano observo que tiene sus ventajas y sus desventajas. Es una ventaja que el padre pueda graduar el nivel de intensidad del castigo, pero por otro lado, particularmente, prefiero que la mano del progenitor sea relacionada más con las caricias y el contacto positivo. Así que, considero, que si los padres van a hacer uso del castigo físico, sería mejor tener un objeto contundente para tal uso.

A manera de anécdota, un tanto graciosa, cuento que cuando era niña mi mamá tenía un "rejo mágico". Un rejo es una trenza de cuero que "golpea duro". Mi mamá lo tenía en un clavito alto en una pared, así como un santito. Pero era "mágico". Porque nosotros vivíamos a la orilla de un rio, y de vez en cuando lo lanzábamos al agua y la corriente se lo llevaba, sin embargo, siempre volvía a aparecer en el clavo de la pared. Como comprenderán, mi madre necesitó usarlo muy pocas veces. Esa señora como que era especialista en Condicionamiento Operante, ¿no creen ustedes?
 


1 comentario:

  1. Hola, Ana estoy de acuerdo con algunos planteamiento que haces en tu blog con respecto al castigo.Una de las grandes dificultades de los padres y/o maestros es saber cómo manejar la conducta inadecuada o "conducta-problema" de sus niños. A menudo los escuchamos decir frases como: "no me hace caso", "no quiere hacer lo que se le dice", "se molesta cuando le impedimos algo", "hace berrinches", "no acepta límites", "ya no sabemos qué hacer frente a su desobediencia y su rebeldía" etc., de allí que es importante que los maestras y/o padres adquieran recursos para enfrentar estas situaciones, y tomen conciencia que la mayor parte de estos comportamientos son aprendidos.

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