“¡Todos a sentarse!” “¡Silencio!” ¿Recuerdan a los maestros
tratando de calmar a sus estudiantes en un aula apretujada con un montón de
mentes inquietas deseosas de satisfacer sus verdaderas motivaciones? Pues, allí
comenzó el conectivismo, solo que no nos dimos cuenta. Le dimos poca importancia
a las necesidades socioemocionales del alumnado, y mucha al área académica, por
lo tanto, para poder depositar información han de estar en silencio, y que se sienten,
por favor, tranquilitos uno detrás de otro (disposición del aula técnicamente
diseñada para que no se conecten).
Pero, el aprendizaje es un hecho social, interactuamos, y de
interactuar aprendemos. En la educación virtual el aprendizaje sigue siendo un
evento social, de hecho, se presta para conectar, y el docente puede aprovechar
la crecida tecnológica para que juntos encuentren respuestas e información para
cotejar, para encontrarle sentido, adaptación y aplicabilidad a su entorno
cultural; para que tomen decisiones y sobre todo, para que no se conformen, sino que
creen más contenido para que otros, a su vez, se conecten con ellos. Eso es
conectivismo.